
La mañana del día fin de año, amaneció con unos
nubarrones por detrás de la Isleta que empujadas por una ligera brisa
entraban a la bahía de Las Canteras. Vaticina que no se podrá
disfrutar de un día de sol y playa.
Luis como cada mañana aproximadamente a las nueve, equipado con su
chándal y calzado para el momento, no falta a su cita matinera para
correr desde la Cicer hasta La puntilla y volver. Hoy lo haría por
la orilla de la playa ya que tocaba esta semana marea “vacía”
una expresión en la jerga canaria cuando la bajamar es muy pronunciada.
Es un efecto que ocurre en el océano Atlántico.
Después de hacer unos pocos ejercicios de calentamiento, comienza con
carrerilla suave hacia el objetivo. Mientras otros deportistas o aficionados
a mantener el cuerpo en forma, se cruzan y solo se escuchan los resoplidos
de la respiración y los golpes de los pies en la arena.
Las nubes cada vez estaban mas cerca de la posición en que Luis se
dirigía. Me parece se dijo. Que estas nubes nos darán el día.
En fin esperemos al medio día que siempre suele hacer un cambio.
Mientras seguía corriendo y el sudor se hacía presente, a la
altura de la Playa Chica, quedó sorprendido al ver como no pudo apreciar
todo el contorno de la roca que formaba La Barra Chica. El amontonamiento
de la arena por el afecto marino se la estaba engullendo a pasos acelerados.
La vida que existía en esas rocas “mariscos” como los conoce
los canteranos, esta perdida. Le dio tiempo a pensar las veces siendo un chaval
de diez o doce años con un tridente se paseaba por su contorno y pescaba
“tapaculos” (una especie de lenguaditos playeros) y también
algún pulpo. ¡Que pena! Exclamó en baja voz.
A medida que se acercaba al balneario próximo al hotel Reina Isabel,
la playa se ensanchaba dificultando el poder distinguir a las personas como
estaba acostumbrado, pocos años atrás y decirse ahí va
el amigo Juanito el panadero, deprisa como siempre a dormir, Josefa la dependienta
de la frutería del barrio. Y así un sin fin de personas que
tenía almacenadas en su memoria.
Lo que sí pudo distinguir cuando ya se acercaba a la primera meta La
Puntilla para saludar a La Virgen del Carmen, fue el enorme volumen de arena
que formaba el tradicional Belén. El sol que empezaba aparecer detrás
de los edificios, después de atravesar una nube a la que le daba un
toque de brillo dorado a su contorno, acariciaba con sus primero hilos de
luz la parte alta de tan emblemática escultura. La arena al recibir
esos leves rayos de luz no reflejaba ese color dorado muy genuino de Las Canteras,
sino que emitía un color gris pardo, como si fuese arena sucia al haber
recibido una capa de pintura trasparente sin brillo. ¿Esa arena después
de pasado la efeméride es extendida y así, sin un lavado previo
queda para el uso y disfrute de los usuarios de la playa? Termino preguntándose
Luis.
Al llegar al muro que limita la playa y comienza el barrio de La Puntilla,
se acerco a la capillita de la Virgen hizo un ademán de saludo y seguidamente
sin parar giró ciento ochenta grados hacia el Auditorio Alfredo Kraus.
Mientra avanzaba delante a pocos metros reconoció la silueta femenina
de una amiga del barrio. Aceleró el paso y ya a su altura le saludo.
¡Hola Pinito!.- Mi niño que susto me has dado. Iba pensando en
la Barra lo bonita que se ve.
- No te he visto antes al llegar a La Puntilla – apunta Luis
- Bueno es que yo venía por el paseo y baje por donde está el
Belén. ¡Chacho que aun no lo había visitado. Es muy bonito!
- ¿Luis te has fijado esas gentes de ahí delante como le dan
de comer a los pescados?. Eso no está bien y está prohibido.
- Si, muy mal y además los carteles que se ponen cada vez prohibiéndolo,
hay desaprensivos que lo arrancan.
- ¿Y la policía no puede bajar ahora?. Mira precisamente están
tres en el Balneario de cháchara y aquí bajo a pocos metros
los que dan de comer a los pescados.
Por unos momentos la conversación se enmudece ya que las miradas de
ambos amigos se dirigen al muro, conocido por muro Marrero, justo hace esquina
con la Playa Chica. Se cruzan sus miradas y Pinito pregunta.
- Has visto que desvergüenza. – Muy deprimente
Un ciudadano daba rienda suelta para que su vejiga descansara a la presión
sometida por sus orines
- Tira Pinito, que sino la carrerita de hoy nos dejará deprimidos.
- Espero que mañana no se repita. – ilusiones Pinito, ilusiones.