La gente como cada día al atardecer paseaban y contemplaban
el espectáculo que les ofrecía la puesta de sol desde la playa
de Las Canteras. Había que pararse y quedar extasiado por unos instantes
ante tal evento. La luz, los colores y sombras compaginadas con las nubes
y el Téide era todo un momento único.
Luis como uno más después de estar unos momentos parado y reiniciar
la marcha tropieza con otro de los admiradores y al ir a pedir disculpa exclama
entusiasmo - ¡Coño Antonio! ¡Que coincidencia! ¿Qué
haces tú por aquí?. ¿Dónde te habías metido?.
Antonio muy contento por el encuentro exclama – Chico que he bajado
de San Mateo este fin de semana para irme de pesca por el Confital. Pero me
dije. Que la tarde estaba tan buena y mira, paseando y contemplando la puesta
de sol.
- ¿Qué piensas ir al Confital?. Mira yo voy a un sitio que te
hincharías a pescar. Está en Bañaderos. Venga ven conmigo.
- Bueno Luis, no me entusiasme así, que después sino caen me
quedaré desilusionado. ¡Hace tantos meses que no disfruto con
una buena pesca!
- Tranquilo. Ya llevare yo las gambas, que las tengo en casa a punto para
eso.
Después de pasear y charlar la mayor parte del tiempo del vicio común,
la pesca, quedan para el día siguiente a las ocho delante del Auditorio
Alfredo Kraus.
A las ocho del domingo y con un amanecer tranquilo toman rumbo hacia Bañaderos.
- Por el camino, Antonio comenta que no sabe por qué tiene tanta mala
racha al pescar. Que ha probado diferentes carnadas: lombrices, bolillo, gambas,
cangrejo; pero nunca ha podido darse la alegría de tener un día
de esos de poder contarlo a boca llena. Al tiempo que contaba este pesar,
no dejaba de fumar.
- Antonio te veo muy fumador. Renarca Luis
- Sí, un poco. Fíjate como tengo los dedos de la mano de sostener
el cigarrillo.
Eran de color amarillo ocre. Mi mujer cada vez que los ve, me pone una cara,
- Joder Antonio ¿No crees que te pasas?
- Es el vicio Luis, ya me gustaría dejarlo. ¿Tú tienes
una formula?.
Luis se lo mira y le cuenta.
- Yo antes salía a pescar y me pasaba lo que mismo que a ti. También
fumaba, y los dedos también los tenía impregnados como tu.
- No lo sabía. ¿Y ahora no fumas nada?. – Efectivamente,
nada de nada.
- ¿Cómo lo hiciste? Venga cuéntame, a ver si lo logro
también.
- Hoy Antonio si no te importa las carnadas te las pondré yo en el
anzuelo. Tal vez aún no hayas aprendido a colocarla bien y por eso
espantas al pescado.
- Luis, que ya me conoces de tiempo y llevo años pescando. Fíjate
antes de empezar a fumar. Yo fumo más y cada vez hay menos pescado.
¡Sera el cambio climatico que produce mi cigarro!. Luis dejo escapar
una sonrisa.
Después de situarse en un lugar de Bañaderos que Luis conocía
y lo tenía reservado ya que a nadie se lo contaba, por aquello, que
los pescadores saben, que si lo cuentan pierden un algo muy suyo.
Al poco rato Antonio exclama y gesticula como un novel en el arte de la pesca
a caña ¡Han picao Luis, han picao! Igual no ponía bien
la carnada.
Más alegría se llevo al ver el sargo de más de medio
kilo que sacaba del agua. - Luis ten, ponme otra gamba. Joder tío que
contento que estoy.
Luis se lo miro con una sonrisa socarrona y pacientemente le prepara otra
vez la gamba. - Venga ya la tienes. Y no grites tantos que yo también
quiero pescar y me vas a espantar los pescados. – Perdona, pero hacía
tanto tiempo. Eres un amigo Luis que suerte encontrarte ayer.
Los dos amigos tuvieron una mañana de pesca muy generosa, por lo que
decidieron marchar a la una de la tarde y celebrarlo con unos roncitos de
Arucas.
-Luis, venga ahora me puedes explicar como colocas la carnada en el anzuelo,
cada vez que salga de pesca no vas a estar a mi lado.
Antonio no es que no sepas, ya lo sabes hacer igual que yo. -¿Entonces?.
- Mira, esta demostrado científicamente que los pescados rehuyen el
olor a tabaco.
Una carcajada se escapo de la garganta de Antonio. – No me digas que
los pescados desde el fondo ya me huelen y dicen: éste fuma y se largan.
¡Jajajajaja! Volvió a reír. Y enciende otro cigarrillo.
- Te explico y luego en adelante lo pones en practica. A mí me resulto.
- Venga, suelta que me lo estoy pasando de puta madre contigo. Una bocanada
de humo invade el espacio.
Un traguito de ron y comienza la explicación.
- Mírate tus dedos, los que mantienen el cigarro, si esos amarillos,
huélelos. Huelen a tabaco incluso de forma penetrante. ¿Si?
–Si, claro responde Antonio, con los años ...
- Cuando tus dedos tocan la carnada, este olor se adhiere a ella y queda contaminada.
Precisamente con un olor que científicamente demostrado espanta a los
pescados.
¡Coño! Perdona la expresión, Luis me dejas de piedra.
Te puede servir de ejemplo la pesca de hoy. Así que eliges o tabaco
o disfrutar con ese otro vicio que tenemos, salir de pesca, pescar y que nos
da más alegrías.
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