La crisis.
Desde hace unos largos meses estamos sumergidos en una psicosis que no nos
deja pensar con claridad, sobre todo al ciudadano de a pie. Vamos asustados,
temerosos, inseguros, la incertidumbre cada vez nos abruma más.
Las colas en las Oficinas de Trabajo, son cada día más largas.
Los comercios se las ve muy peliagudas, para entrar un euro en caja.
Y no se le ve el final a la situación. Es un estado de angustia incesante.
¿Pero cómo es, que se ha podido llegar a tal nivel de desmadre
económico y financiero?.
¿Todo ha surgido por mantener las condiciones de una situación
generacional?¿Todo ha nacido por la desaparición de la cultura
del esfuerzo y el ahorro?.
En mi opinión son dos preguntas que tienen mucho que responder.
Una condición generacional que la aplico en sentido general. No solo
al individuo, sino a los diferentes estilos aparecidos y utilizados para
obtener beneficios copiosos o estándares de vidas fuera de la capacidad
propia de asimilarlos.
Nunca ha estado el sentido común tan alejado, para discernir donde
debían situarse el compromiso y su cumplimiento.
La falta del análisis profundo de la capacidad de retorno, debió de
ser el primer compromiso, que ha favorecido a tantos individuos a no poder
cumplir.
Crecieron tanto estas dos situaciones que al final son incontrolables. Una
gran burbuja que ha explotado dejando al descubierto defectos inesperados.
Se ha estado buscando unos máximos rendimientos al menor coste posible
abusando en una parte importante; el aspecto humano. La creación de
puestos de trabajos con salarios irrisorios. La falta de aplicar, renovaciones
de partes obsoletas y la falta de formación continuada, son aspectos
que por supuesto aumenta los costes y el nivel de productividad de las inversiones
se verían afectados.
Otros necesitados de generar activos, lo buscan en esos salarios. Se enfoca
una parte, para satisfacer la necesidad de consumir, algo que la propaganda
consumista se ha preocupado antes crear. Y así nacen las hipotecas.
Obtener de forma fácil, sin meditar con profundidad la capacidad al
cumplimiento del compromiso. El individuo se ha creado un estándar
de vida muy frágil. Además donde no llega el dinero efectivo
llega la tarjeta.
Pero tambien el que ha facilitado la situación se ve abrumado por
la falta de recuperación. Decide dar más facilidades, dando
más tiempo para recuperar. Pero eso sí. Elevando los costes
de cada pago. La falta de liquidez monetaria en los facilitadotes de hipotecas
se van mermando. Solo tienen cada vez más papeles firmados y la recaudación
más esparcida. Las tarjetas suman y no hay descuento para la hipoteca.
Digamos que han sido cazados en su propia red.
Aplicar una solución es difícil. Tendrá que aparecer.
Pero no creo que deba de ser apoyándose en la parte más débil
el obrero. Esta debe ya pasar a la cultura del esfuerzo y el ahorro. Hay
que consumir, pero muy bien meditado. Sino se consume iremos de mal en peor.
Los gobiernos faciliten de forma eminente la creación de puestos de
trabajos en empresas públicas. En las privadas reduciendo las cuotas
de cargas sociales, ante nuevas contrataciones con carácter de fijos,
por el mismo motivo reducción en los costes de energía. Ya
que el barril de petróleo va a la baja.
La Banca reducir la carga a los que tienen sometidos a tantos intereses.
Pero eso sí, no reduciendo los plazos de forma drástica para
recuperar efectivos. Ahora es la Banca la que debe saber dar ejemplo de cultura
del esfuerzo y el ahorro.
Y si el gobierno pide restringir los salarios, sean coherentes en no aceptar
que los servicios de transportes públicos aumenten los precios. Que
obtengan el beneficio en la bajada del combustible.
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EL ARRECIFE